La Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada en la localidad neuquina de Arroyito, podría volver a operar tras casi diez años de inactividad gracias a una iniciativa privada impulsada por las empresas Saesa y Spark, que contempla una inversión superior a los 120 millones de dólares para modernizar las instalaciones y reinsertar a la Argentina en un mercado global de alta demanda tecnológica.
La propuesta fue presentada formalmente ante el Estado nacional y se encuentra bajo análisis de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), organismo propietario del complejo industrial. El objetivo es recuperar uno de los activos tecnológicos más importantes del país y transformarlo nuevamente en un polo exportador.
Los detalles del proyecto fueron expuestos por Juan Bosch, presidente de Saesa, durante su participación en el ciclo Dínamo Stream de EconoJournal. Allí explicó que la iniciativa busca aprovechar los recursos energéticos de Vaca Muerta para generar productos industriales de alto valor agregado destinados a mercados internacionales.
“Argentina tiene la planta industrial de agua pesada más grande del mundo. Es la única del hemisferio sur y es capaz de exportar agua pesada al mundo. El agua pesada es gas y energía; es Vaca Muerta transformada en valor agregado, en trabajo, desarrollo y exportaciones”, sostuvo Bosch.
La PIAP fue inaugurada en 1993 y durante años abasteció a las centrales nucleares argentinas Atucha I, Atucha II y Embalse. Sin embargo, la producción se fue reduciendo hasta quedar prácticamente paralizada en 2017, dejando inactivo un complejo considerado estratégico para el desarrollo tecnológico nacional.
El agua pesada es un componente fundamental para los reactores nucleares que utilizan uranio natural como combustible, ya que actúa como moderador y refrigerante dentro del proceso de generación de energía. Sin embargo, su utilización ya no se limita exclusivamente al sector nuclear.
Según explicó Bosch, existe una creciente demanda internacional vinculada a industrias de alto contenido tecnológico. Entre ellas se destacan los sectores farmacéutico, biotecnológico, médico y de fabricación de semiconductores.
“El agua pesada también se usa para la salud. Se utiliza para medicamentos, estudios de resonancia magnética, inteligencia artificial, microchips y semiconductores. Hay una demanda creciente y un faltante global en industrias vinculadas con la salud, la biotecnología y la tecnología avanzada”, indicó.
Para llevar adelante la reactivación, Saesa conformó una alianza estratégica con la empresa de ingeniería Spark, especializada en recuperación de infraestructura energética compleja. El plan contempla una ejecución de obras estimada en 36 meses, aunque existe la posibilidad de adelantar parcialmente la puesta en marcha de una de las líneas de producción.
La propuesta prevé que la planta continúe siendo propiedad del Estado nacional. La figura legal planteada es la de una concesión operativa que permitirá a un privado gestionar la producción y comercialización del complejo mediante un proceso licitatorio público.
“Debe realizarse una licitación nacional e internacional para seleccionar al concesionario. La planta seguirá siendo propiedad del Estado; lo que se cederá será la operación y la comercialización de la producción”, aclaró Bosch.
Los impulsores del proyecto aseguran que ya existen avances comerciales concretos. Según reveló el titular de Saesa, se firmaron memorandos de entendimiento con potenciales compradores internacionales interesados en asegurar el abastecimiento futuro del producto.
La iniciativa también tendría un fuerte impacto sobre el empleo regional. Las estimaciones preliminares indican que la reactivación permitiría generar alrededor de 200 puestos de trabajo directos en Neuquén, además de una importante demanda de servicios asociados durante la etapa de obras.
Desde el punto de vista energético, la PIAP representa una oportunidad singular para agregar valor a la producción de gas natural proveniente de Vaca Muerta. El proceso industrial transforma grandes volúmenes de gas y energía en un insumo estratégico de alto valor comercial, destinado a sectores intensivos en conocimiento y tecnología.
Bosch consideró que el principal desafío no es financiero ni tecnológico, sino lograr consenso para avanzar con la iniciativa. “Lo que me preocupa es vencer la inercia y convencer de que esto es posible. Tenemos compromisos de inversión, de provisión de gas y compradores interesados. Con decisión y foco, en menos de tres años podemos estar entre los cinco principales productores del mundo”, afirmó.
Si el proyecto obtiene las aprobaciones necesarias y supera las etapas administrativas previstas, la reactivación de la Planta Industrial de Agua Pesada podría convertirse en uno de los desarrollos industriales más importantes de Neuquén, combinando energía, tecnología, empleo y exportaciones en un mismo proyecto estratégico para la Argentina.