Vaca Muerta dejó de ser una promesa. Hoy es una realidad concreta que ya está transformando el rumbo económico de la Argentina y de toda la región. Es, sin dudas, una de las mayores oportunidades de desarrollo que hemos tenido en décadas.
Pero también —y esto es clave entenderlo— es una oportunidad que nos exige estar a la altura. Porque el verdadero desafío no es solo crecer. El desafío es cómo crecemos.
Desde hace algunos años, Neuquén viene atravesando un proceso de transformación en aspectos fundamentales vinculados al control, la regulación y la gestión de la actividad hidrocarburífera. Y era necesario que eso ocurriera.
Durante mucho tiempo convivimos con esquemas donde, en determinados casos, los estándares de control y fiscalización no estaban a la altura de lo que hoy demanda un desarrollo de escala exponencial. Eso está empezando a cambiar. Y celebro que así sea.
Hoy ya no estamos discutiendo si hay que cambiar. Eso está saldado.
Lo que debemos hacer ahora es consolidar esos cambios, profundizarlos y darles previsibilidad, uniformidad y consistencia institucional.
Porque cuando el desarrollo pasa de ser incremental a ser exponencial, como está ocurriendo en Vaca Muerta, todo el sistema tiene que evolucionar en la misma dirección.
Señales de cambio que marcan un rumbo
En este nuevo contexto, hay decisiones que marcan un antes y un después.
El abordaje de pasivos ambientales históricos —como el caso de COMARSA— es una de ellas.
Durante años vimos situaciones que no podían sostenerse en el tiempo. La acumulación de residuos en zonas urbanas, a la vista de todos, era una señal clara de que algo no estaba funcionando.
Que hoy se haya decidido encarar ese problema de manera directa, priorizando el ambiente y la salud por sobre cualquier otro interés, es una señal positiva.
Es un cambio de enfoque.
Y ese criterio —el de priorizar el interés colectivo— debe transformarse en un estándar para toda la actividad.
El crecimiento que viene exige otra escala de decisiones
Neuquén está entrando en una etapa sin precedentes.
El desarrollo del no convencional, la proyección exportadora, el GNL, la infraestructura energética, todo indica que estamos frente a un salto de escala.
Y ese salto exige algo muy concreto: mejores sistemas de control, mayor planificación y decisiones más robustas.
Comparto plenamente lo que viene planteando el gobernador Rolando Figueroa:
“Vaca Muerta es una condición necesaria, pero no suficiente.”
El recurso está. Pero el diferencial va a estar en cómo lo gestionamos.
El agua: el límite que no podemos cruzar
Hay un punto que, desde mi mirada, es central y no admite discusión: el cuidado del agua. El Lago Mari Menuco abastece a cerca de 500.000 personas. Es el principal reservorio de la región. Y al mismo tiempo, en su entorno conviven desarrollos hidrocarburíferos de altísimo valor productivo, como Lindero Atravesado operado por Pan American Energy (PAE). Esta convivencia es posible. Pero no es automática.
Requiere planificación, control y un nivel de exigencia mucho más alto.
En los últimos años se han registrado episodios en áreas operativas cercanas que, más allá de las evaluaciones formales realizadas en cada caso, deben interpretarse como señales de alerta que merecen ser analizadas con mayor profundidad, especialmente en un contexto donde la escala de la actividad va a multiplicarse.
Y esto no es una hipótesis futura. Es un proceso que ya está ocurriendo.
Como quedó evidenciado en los últimos días, el área Angostura Sur —primer área de concesión del actual Gobierno , concesionada y operada exclusivamente por YPF , lindante a Lindero Atravesado y ubicada en el mismo entorno geológico del Lago Mari Menuco— ha experimentado en apenas un año y medio un salto de escala productivo sin precedentes, pasando de aproximadamente 2.000 a cerca de 50.000 barriles diarios, posicionándose entre las áreas de mayor desarrollo de la cuenca.
Este cambio no responde únicamente a condiciones geológicas, sino también a una nueva lógica de desarrollo que permite multiplicar la eficiencia y la intensidad de la explotación , a partir de operar y realizar monitoreos en tiempo real , que son propias del aprovechamiento e implementación de las nuevas tecnologías disponibles bien aplicadas .
Ese mismo salto de escala, en un entorno de alta sensibilidad hídrica, obliga necesariamente a que los sistemas de control, monitoreo y prevención evolucionen en la misma proporción , para así perder garantizar la máxima eficacia productiva en hidrocarburos y el mayor cuidado del recurso hídrico; de esta forma es que ambas actividades pueden convivir perfectamente e incluso potenciar el área en cuestión .
Más aún cuando la propia Provincia se encuentra ejecutando obras estratégicas como la ampliación del acueducto Mari Menuco, precisamente para abastecer a una población en expansión.
En ese contexto, el crecimiento productivo y el resguardo del recurso hídrico no pueden pensarse por separado.
Ordenar el territorio antes de que sea tarde
Además, hay otro proceso que ya está en marcha y que no podemos ignorar: el crecimiento territorial.
El desarrollo en la zona del Lago Mari Menuco —donde existen emprendimientos consolidados y otros en desarrollo— es parte de una expansión natural de la metrópolis neuquina.
Ese crecimiento va a acelerarse. No es una posibilidad. Es un hecho.
Por eso, creo que es imprescindible avanzar en un master plan integral que ordene ese desarrollo.
Porque lo que hoy es una zona turística, productiva y recreativa, en pocos años va a estar mucho más integrada a la dinámica urbana.
Y si no lo ordenamos ahora, después va a ser mucho más difícil.
Infraestructura y previsión: pensar en lo que puede pasar
También necesitamos empezar a discutir seriamente la infraestructura estratégica. El caso de Chihuido es paradigmático.
El río Neuquén ya mostró su potencial de riesgo. Estuvo al límite.
Y en un contexto de cambio climático, estos escenarios van a ser cada vez más frecuentes.
No podemos seguir postergando esa discusión.
Si no hay impulso nacional, habrá que pensar en esquemas donde el sector privado también participe.
Porque no se trata solo de una obra. Se trata de prevenir, proteger y planificar.
Una oportunidad que también es una responsabilidad
Siempre digo lo mismo: Vaca Muerta es una bendición, genera riqueza, empleo y desarrollo. Pero este nuevo escenario exige un cambio de lógica.
Si del suelo neuquino se extrae riqueza, del suelo neuquino también tiene que salir la inversión para protegerlo.
Tenemos que pensar en mecanismos que permitan reinvertir, anticipar riesgos y sostener el desarrollo en el tiempo.
El desafío final
Neuquén tiene la posibilidad de hacer historia. Pero no solo por lo que puede generar. Sino por cómo decide hacerlo. El desafío no es crecer. El desafío es crecer bien, con reglas claras, con controles efectivos, con planificación y con previsión.
Porque el hidrocarburo genera riqueza, pero el agua da vida.
Y sin agua, no hay desarrollo posible.
Juan Carlos Vidal
Tercera generación de familias pioneras de Neuquén
Desarrollista de la provincia
Tecno Comahue S.A.