La creciente demanda mundial de cobre, impulsada por la transición energética y la electrificación de la economía global, abre una oportunidad estratégica para la Argentina. Según un informe de la consultora internacional Bain & Company, el país podría convertirse en uno de los actores relevantes para abastecer parte del déficit global proyectado hacia 2035 si logra avanzar con su cartera de grandes proyectos mineros.
El estudio sostiene que Argentina tiene capacidad para incorporar hasta 1,8 millones de toneladas anuales de producción de cobre, una cifra que la posicionaría entre los principales productores emergentes del mundo. Sin embargo, advierte que alcanzar ese objetivo dependerá de una serie de inversiones y decisiones que exceden al propio sector minero.
De acuerdo con el informe, el mercado internacional se encamina hacia una creciente tensión entre oferta y demanda. Bain calcula que existen proyectos en evaluación por más de 13 millones de toneladas anuales de cobre a nivel mundial, aunque cerca del 80% todavía no cuenta con una Decisión Final de Inversión (FID), lo que abre espacio para que nuevos países ganen protagonismo en la industria.
En ese escenario, Argentina aparece como uno de los destinos con mejores perspectivas debido a su potencial geológico, la calidad de sus recursos y la cartera de proyectos en desarrollo, especialmente en provincias como San Juan, Catamarca, Salta y Mendoza.
No obstante, la consultora advierte que el salto productivo exigirá obras de infraestructura de gran escala. Para sostener una producción de 1,8 millones de toneladas anuales será necesario construir aproximadamente 1.500 kilómetros de nuevas líneas de transmisión eléctrica y sumar entre 8 y 10 TWh de consumo energético por año, además de reforzar el Sistema Interconectado Nacional.
La logística también representa uno de los principales desafíos. El crecimiento de la minería cuprífera demandará movilizar entre 5 y 6 millones de toneladas de concentrado por año mediante sistemas ferroviarios o mineroductos destinados a la exportación. Bain destaca que ese volumen equivale a entre el 8% y el 10% de todas las exportaciones actuales de granos y subproductos que salen desde el complejo agroindustrial del Gran Rosario.
Otro aspecto central es el acceso al agua. El informe estima que el conjunto de proyectos requerirá alrededor de 250 millones de metros cúbicos anuales, una cifra equivalente a diez veces el volumen utilizado por la actividad de fractura hidráulica en Vaca Muerta durante 2024.
Además de la infraestructura, Bain pone el foco en la necesidad de fortalecer la relación con las comunidades locales y avanzar en estándares ambientales cada vez más exigentes. Según el estudio, la aceptación social y el desarrollo sostenible serán factores determinantes para acelerar las inversiones y garantizar la viabilidad de los proyectos.
La cadena de proveedores también aparece como uno de los puntos críticos. Actualmente Argentina cuenta con entre 2.000 y 2.500 empresas vinculadas a la actividad minera, muy por debajo de las más de 8.000 que operan en Chile o las aproximadamente 6.000 registradas en Perú.
La consultora advierte que, si esa red no crece al ritmo de las inversiones previstas, podrían generarse cuellos de botella y aumentos de costos durante las etapas de construcción de los grandes proyectos. En ese sentido, destaca que parte de la solución podría provenir de sectores ya consolidados como Oil & Gas, especialmente de la experiencia desarrollada en Vaca Muerta y la capacidad técnica acumulada por empresas de ingeniería, servicios y logística.
El capital humano constituye otro de los grandes desafíos. La expansión del cobre demandará miles de profesionales especializados en geotecnia, metalurgia, ingeniería civil, gestión ambiental y permisos regulatorios. Bain recomienda una estrategia coordinada entre empresas, universidades y organismos públicos para anticiparse a la futura demanda de talento.
Para la consultora, la oportunidad histórica que ofrece el cobre no dependerá únicamente de los precios internacionales ni de la disponibilidad de recursos geológicos. El verdadero desafío será transformar ese potencial en capacidad productiva mediante inversiones en infraestructura, energía, logística, proveedores y formación técnica.
En un contexto global donde se proyecta una creciente escasez de cobre, Argentina tiene la posibilidad de convertirse en un proveedor estratégico para la transición energética mundial. La clave estará en lograr que los proyectos mineros avancen con la velocidad suficiente para aprovechar una ventana de oportunidad que podría redefinir el perfil exportador del país durante las próximas décadas.