Argentina enfrenta una oportunidad inédita para transformar el crecimiento de sectores como Vaca Muerta, la minería, la agroindustria y la bioeconomía en un proceso de desarrollo industrial de largo plazo. Esa es una de las principales conclusiones del documento Transformar la urgencia en oportunidad: industria, capacidades productivas y desarrollo en la Argentina, elaborado por los economistas Bernardo Kosacoff y Diego Martin Coatz.
El informe sostiene que el país conserva una base industrial diversificada que representa el 19% del Valor Agregado Bruto (VAB), concentra el 54% de la inversión privada en investigación y desarrollo y explica más del 22% de la masa salarial, pese a más de una década de estancamiento económico y elevada volatilidad macroeconómica.
Los autores remarcan que la industria no debe entenderse únicamente como manufactura, sino como una plataforma capaz de generar innovación, empleo formal, transferencia tecnológica y encadenamientos productivos con el resto de la economía. En ese sentido, advierten que los recursos naturales, por sí solos, no garantizan desarrollo si no se transforman en valor agregado local.
Dentro de ese escenario, Vaca Muerta aparece como uno de los principales motores de crecimiento para la próxima década. El documento señala que la expansión del shale debe trascender la extracción de petróleo y gas para impulsar un ecosistema de proveedores nacionales de ingeniería, metalmecánica, bienes de capital, software y servicios especializados.
Los especialistas sostienen que el desarrollo energético puede convertirse en una plataforma para crear nuevos complejos industriales, como la producción de fertilizantes, urea, petroquímica y plásticos, además de fortalecer toda la cadena de valor vinculada al equipamiento utilizado en la actividad hidrocarburífera.
El informe también destaca el potencial conjunto de la minería de litio y cobre, junto con el gas y el petróleo, para ampliar las exportaciones argentinas. Según las proyecciones incluidas en el trabajo, las exportaciones netas de energía y minería podrían superar los 75.000 millones de dólares hacia 2035, impulsadas por el crecimiento simultáneo de ambos sectores.
Sin embargo, los autores advierten que ese crecimiento no será automático. Consideran indispensable avanzar en una macroeconomía estable, mejorar la competitividad sistémica y reducir costos tributarios, logísticos, financieros y energéticos que hoy limitan la inversión industrial.
Entre los principales desafíos mencionan la elevada presión tributaria sobre el sector formal, la baja disponibilidad de crédito, los altos costos logísticos y la necesidad de ampliar la infraestructura de transporte y energía para acompañar el crecimiento productivo.
El trabajo también pone el foco en la transformación tecnológica. Señala que la incorporación de inteligencia artificial, digitalización, automatización y procesos de descarbonización será clave para mejorar la productividad y sostener la competitividad de las empresas argentinas frente al nuevo escenario internacional.
En paralelo, los economistas analizan el contexto global marcado por el incremento de los subsidios industriales y el regreso de políticas proteccionistas en las principales economías del mundo. Frente a ese panorama, sostienen que Argentina necesita una política productiva moderna que combine apertura comercial con mecanismos que permitan fortalecer su entramado industrial.
Otro de los ejes centrales del documento es el papel del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Los autores consideran que constituye una herramienta importante para atraer proyectos estratégicos en energía, minería e infraestructura, aunque advierten que será necesario fortalecer el desarrollo de proveedores locales y promover una mayor articulación entre Nación y provincias para maximizar el impacto de las inversiones.
Finalmente, el informe concluye que el verdadero desafío consiste en transformar la riqueza de los recursos naturales en una red de capacidades industriales, tecnológicas y empresariales capaz de generar empleo formal, innovación y exportaciones con mayor valor agregado. En ese marco, Vaca Muerta aparece como una oportunidad para impulsar una nueva etapa de desarrollo industrial basada en proveedores locales, conocimiento y producción nacional.