La energía mareomotriz se basa en el ascenso y descenso de las mareas, mientras que la undimotriz utiliza el movimiento de las olas generado por el viento. A diferencia de la solar o la eólica, estas fuentes presentan una ventaja clave: su previsibilidad, ya que las mareas responden a ciclos astronómicos regulares y calculables con mucha anticipación.
Entre las principales tecnologías que se analizan a nivel internacional se encuentran las presas mareomotrices, similares a represas hidroeléctricas que se instalan en estuarios; las turbinas submarinas, que aprovechan corrientes de marea de gran amplitud; y los generadores undimotrices, ubicados en superficie o cerca de la costa, que transforman el oleaje en electricidad.
En Argentina ya existe un desarrollo concreto vinculado a la energía undimotriz en la costa de Mar del Plata. Allí se impulsa un prototipo diseñado por la Universidad Tecnológica Nacional, a través de su Facultad Regional Buenos Aires, que busca convertir el movimiento de las olas en energía eléctrica. El proyecto se encuentra en etapa de diseño y apunta a reducir emisiones y aportar a la independencia energética.
Los investigadores explican que el oleaje argentino no alcanza las alturas extremas de otros mares, pero se caracteriza por su constancia, un factor determinante para este tipo de tecnología. Además, la plataforma marina presenta una pendiente gradual que reduce riesgos operativos y evita la necesidad de retirar equipos ante tormentas severas, un problema frecuente en Europa.
El sistema se basa en boyas de acero naval huecas, cuyo peso puede variar entre 2 y 20 toneladas y con diámetros de entre 3 y 10 metros. Según el tamaño, cada unidad podría generar entre 30 y 200 kilovatios. Estas estructuras pueden instalarse offshore mediante pilotaje, plataformas existentes o infraestructuras como escolleras y muelles, tanto en Mar del Plata como en otros puertos del país.
Desde el punto de vista técnico, los especialistas destacan que la energía de las olas es hasta 30 veces más densa que la solar y cinco veces más que la eólica, lo que le otorga un elevado factor de capacidad y un rendimiento potencial muy alto.
Más allá de la provincia de Buenos Aires, el mayor potencial mareomotriz se concentra en el sur del país. En los golfos de Chubut, como San José y Nuevo, la amplitud de marea puede superar los siete metros, niveles comparables con regiones donde esta tecnología ya se encuentra en desarrollo avanzado. También se identifican oportunidades en zonas de Santa Cruz, como Puerto Deseado, por la intensidad de sus corrientes y las características del fondo marino.
De acuerdo con estudios del Instituto Nacional del Agua y de universidades nacionales, Argentina podría alcanzar hasta 1.700 megavatios de potencia instalada combinando recursos mareomotrices y undimotrices, siempre que se consoliden inversiones en investigación, infraestructura y desarrollo tecnológico.
El principal desafío sigue siendo económico y tecnológico, ya que se trata de soluciones aún en fase experimental frente a otras renovables más maduras. Sin embargo, en un contexto global de transición energética, la energía del mar aparece como una alternativa estratégica para diversificar la matriz, reducir emisiones y aprovechar un recurso natural propio y predecible.