Chile, la potencia minera que Argentina busca alcanzar: qué hizo diferente y qué falta para competir

Chile construyó durante décadas el mayor complejo minero de Latinoamérica. Mientras Argentina acelera inversiones en cobre y litio, todavía enfrenta desafíos en infraestructura y competitividad.

Durante más de medio siglo, Chile construyó una industria minera que hoy representa uno de los pilares de su economía y lo convirtió en el principal productor de cobre del mundo. Con exportaciones mineras que superan los US$ 60.000 millones anuales, una infraestructura consolidada y reglas de juego previsibles, el país trasandino se transformó en el modelo que Argentina intenta replicar mientras impulsa el desarrollo del cobre, el litio y el oro.

La diferencia entre ambos países es contundente. Mientras Chile exportó durante 2025 alrededor de US$ 63.000 millones en productos mineros, Argentina alcanzó un récord de US$ 6.037 millones, apenas una décima parte. Sin embargo, esa brecha también muestra el potencial de crecimiento que comienza a despertar interés entre las principales compañías mineras del mundo.

El liderazgo chileno no surgió de un día para otro. Durante décadas el país desarrolló una política minera sostenida, invirtió en infraestructura vial, energética y portuaria, fortaleció su seguridad jurídica y creó un ecosistema financiero y técnico que hoy permite desarrollar proyectos de clase mundial con menores niveles de incertidumbre para los inversores.

Además, Chile cuenta con una cadena de proveedores altamente especializada. Miles de empresas de ingeniería, metalmecánica, servicios ambientales, automatización, logística y tecnología crecieron al ritmo de la minería, convirtiendo al sector en uno de los principales motores de innovación y empleo del país.

Argentina, en cambio, recién comienza a recorrer ese camino. Aunque posee algunos de los mayores recursos minerales sin desarrollar del planeta, especialmente en cobre y litio, durante muchos años la falta de estabilidad macroeconómica, restricciones cambiarias, presión tributaria y demoras regulatorias frenaron el ingreso de grandes inversiones.

El cambio comenzó a observarse con mayor fuerza durante el último año. Bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), el sector minero ya concentra compromisos por más de US$ 33.800 millones, principalmente en proyectos de cobre que se desarrollarán en San Juan, Catamarca, Salta, Mendoza y Jujuy.

El cobre aparece como la gran apuesta argentina. Hoy el país prácticamente no produce este mineral a escala comercial, mientras Chile explica cerca de un cuarto de la producción mundial. Sin embargo, distintos estudios sostienen que Argentina podría ubicarse entre los diez mayores productores globales durante la próxima década si logra poner en marcha su cartera de proyectos.

Ese escenario comienza a modificar el mapa de inversiones. Compañías como Rio Tinto, BHP, Lundin Mining, First Quantum, Glencore y Newmont avanzan con proyectos de gran escala que demandarán miles de millones de dólares y requerirán el desarrollo de infraestructura, proveedores especializados y mano de obra calificada.

Aun así, los desafíos siguen siendo importantes. La infraestructura de transporte continúa siendo uno de los principales cuellos de botella. Nuevas rutas, líneas eléctricas, redes ferroviarias, puertos y sistemas logísticos serán indispensables para que la minería pueda alcanzar el nivel de competitividad que hoy exhibe Chile.

También persisten diferencias en materia tributaria y regulatoria. Aunque el RIGI mejoró significativamente las condiciones para los nuevos proyectos, la carga fiscal argentina continúa siendo superior a la chilena y la estabilidad de largo plazo sigue siendo uno de los principales factores observados por los inversores internacionales.

Las provincias cordilleranas ya comenzaron a prepararse para ese cambio. San Juan lidera el desarrollo de grandes proyectos cupríferos; Mendoza avanza en la construcción de un ecosistema financiero para atraer capital internacional; Catamarca y Salta consolidan su protagonismo en litio, mientras Neuquén observa con atención el fenómeno, convencida de que la experiencia de Vaca Muerta puede servir como antecedente para acelerar la construcción de una cadena de proveedores, infraestructura y servicios que también abastezca a la minería.

La comparación con Chile deja una conclusión clara: Argentina posee recursos geológicos capaces de competir con las principales regiones mineras del planeta, pero todavía necesita transformar ese potencial en producción sostenida. Si logra consolidar reglas estables, infraestructura adecuada y una industria de proveedores competitiva, el país podría comenzar a cerrar una brecha que Chile tardó varias décadas en construir y que hoy lo mantiene como la principal potencia minera de América Latina.