El balance positivo alcanzado el año pasado fue destacado como un punto de inflexión. Según los datos oficiales, la energía explicó cerca del 70% del superávit comercial total de 2025, consolidándose como uno de los pilares centrales del nuevo esquema macroeconómico impulsado por el Gobierno nacional.
En ese contexto, Caputo cuestionó los debates sobre atraso cambiario y supuesta falta de competitividad exportadora. “Nunca fue una discusión honesta. Fue más bien algo que quisieron instalar algunos economistas y periodistas que, por alguna razón, quieren que le vaya mal al país”, afirmó el ministro, al tiempo que sostuvo que la clave para profundizar la competitividad está en reducir impuestos, bajar regulaciones y fomentar la inversión privada.
El desempeño del sector energético estuvo fuertemente apalancado por Vaca Muerta, cuyo crecimiento productivo alcanzó un nuevo hito con la superación de los 600.000 barriles diarios de petróleo solo en la provincia de Neuquén. Este salto productivo permitió no solo sustituir importaciones, sino también ampliar de manera sostenida el saldo exportador.
La proyección difundida por Caputo contempla una evolución escalonada de la balanza comercial energética. En 2026, el superávit del sector alcanzaría los US$ 10.000 millones, frente a los US$ 7.800 millones registrados en 2025. Para 2027, el saldo positivo crecería a US$ 15.000 millones y en 2028 treparía a US$ 19.000 millones.
Un factor determinante en este proceso será la entrada en operación del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), que permitirá evacuar mayores volúmenes de crudo hacia los mercados internacionales, ampliando la capacidad exportadora desde la Cuenca Neuquina.
El mayor salto, sin embargo, llegaría con el desarrollo del gas natural licuado. Según la estimación oficial, el ingreso del GNL a gran escala impulsaría la balanza energética a US$ 30.000 millones en 2030 y a US$ 40.000 millones en 2031. A partir de allí, el crecimiento se desaceleraría para estabilizarse en niveles elevados durante los años siguientes.
La minería muestra una dinámica diferente en la proyección oficial. Hasta 2030, el superávit del sector se mantendría relativamente estable en torno a los US$ 6.000 millones, reflejando la maduración lenta de los grandes proyectos en carpeta.
El punto de quiebre se produciría con la entrada en producción de los primeros desarrollos cupríferos que se inscribieron bajo el RIGI. A partir de ese momento, la balanza minera saltaría a US$ 15.000 millones en 2030, US$ 23.000 millones en 2032 y alcanzaría US$ 31.000 millones en 2035.
De concretarse estas proyecciones, el superávit combinado de energía y minería alcanzaría los US$ 75.000 millones hacia mediados de la próxima década, con US$ 44.000 millones aportados por la energía y US$ 31.000 millones por la minería, multiplicando varias veces los niveles actuales.
El resultado de 2025 ya marcó un récord histórico. El superávit comercial energético alcanzó los US$ 7.815 millones, impulsado por exportaciones por US$ 11.086 millones —un crecimiento interanual del 12,8%— y una fuerte caída de las importaciones, que retrocedieron 18% hasta US$ 3.271 millones.
Desde el Ministerio de Economía subrayaron que el desempeño podría haber sido aún mejor de no mediar la baja de precios internacionales. En promedio, los valores de exportación cayeron 11,2%, aunque las cantidades vendidas crecieron un 28,5%, reflejando el fuerte aumento del volumen producido y exportado.
Con este panorama, Caputo ratificó la visión oficial de que la energía y la minería serán los principales motores de generación de divisas en los próximos años. El desafío, señaló, será sostener las condiciones macroeconómicas y regulatorias que permitan transformar este potencial en un flujo estable de inversiones, producción y exportaciones de largo plazo.