La transición energética global está impulsando una transformación acelerada en el mercado de los biocombustibles, que ya no se limita al etanol y al biodiésel utilizados en automóviles. Nuevos productos destinados a la aviación, el transporte marítimo y la maquinaria agrícola comienzan a ganar protagonismo y abren una oportunidad estratégica para países productores de materias primas como Argentina.
Durante un reciente congreso organizado por Maizar, el especialista en Biocombustibles y Energías Renovables del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Agustín Torroba, destacó que existe una demanda global creciente por combustibles de origen renovable y que Argentina cuenta con condiciones favorables para insertarse en ese mercado.
Actualmente, más de 60 países utilizan mezclas de etanol con nafta y alrededor de siete de cada diez litros de combustible consumidos en el mundo contienen algún porcentaje de bioetanol. En paralelo, el biodiésel ya se emplea en cerca de 50 países y reemplaza aproximadamente el 5% del consumo global de gasoil.
Uno de los segmentos con mayor potencial de crecimiento es el de los combustibles sostenibles para aviación (SAF, por sus siglas en inglés), un producto elaborado a partir de materias primas convencionales, aceites usados o residuos orgánicos. Las proyecciones internacionales estiman que este mercado podría alcanzar entre 10 y 20 millones de metros cúbicos hacia 2030 y superar los 40 millones de metros cúbicos en 2050.
Sin embargo, Argentina todavía no cuenta con plantas productoras de SAF, una situación que especialistas consideran una oportunidad pendiente. Para avanzar en ese sentido, proponen certificar cadenas de valor, adecuar normativas y participar activamente en los organismos internacionales que definen los estándares de sostenibilidad para la aviación.
Otro producto que gana terreno es el HVO (Aceite Vegetal Hidrogenado), un biocombustible de segunda generación elaborado principalmente con aceites usados y grasas animales. Actualmente representa cerca del 30% del mercado mundial de biodiésel y se destaca por sus características similares al diésel fósil, permitiendo reducir emisiones sin modificar motores o infraestructuras existentes.
El sector marítimo también comienza a demandar cada vez más combustibles renovables. En distintos mercados ya se utilizan mezclas con fuel oil y crece la incorporación de barcos duales capaces de operar con metanol o etanol, una tendencia que podría acelerar la demanda de nuevos biocombustibles durante los próximos años.
Además, países como Brasil avanzan en la utilización de mezclas elevadas e incluso combustibles puros de origen vegetal para tractores y maquinaria agrícola, con el objetivo de reducir la huella de carbono de sus producciones.
En este contexto, referentes del sector energético, agroindustrial y automotriz impulsan en Argentina el Movimiento para la Transición Energética y la Movilidad Sustentable, una iniciativa orientada a generar consensos para promover una agenda de largo plazo vinculada a biocombustibles, hidrógeno verde, gas natural y electromovilidad.
Los especialistas coinciden en que el crecimiento global de los combustibles renovables representa una oportunidad concreta para diversificar exportaciones, agregar valor a la producción agroindustrial y posicionar al país dentro de una de las industrias energéticas con mayor potencial de expansión en las próximas décadas.