De acuerdo con datos oficiales del área energética nacional, las exportaciones de energía superaron a las importaciones en alrededor de US$ 7.800 millones, lo que convirtió al último año en un récord histórico tanto en saldo positivo como en volumen exportado.
El resultado marca un punto de inflexión para un sector que durante años fue deficitario y que ahora se consolida como uno de los principales generadores de divisas de la economía argentina, en un contexto de fuerte necesidad de dólares.
Las estadísticas, que cuentan con series comparables desde 1992, muestran que nunca antes se había registrado una diferencia tan amplia entre exportaciones e importaciones energéticas, incluso en períodos de precios internacionales elevados.
El desempeño estuvo directamente vinculado al aumento de la producción de shale oil y shale gas en la Cuenca Neuquina, donde las operadoras lograron mejoras de productividad, mayor eficiencia en los costos y un incremento sostenido de la infraestructura de evacuación.
Durante 2025, la producción de hidrocarburos no convencionales permitió no solo abastecer la demanda interna, sino también ampliar de manera significativa los volúmenes destinados a la exportación, especialmente hacia mercados regionales y extra regionales.
Este flujo de divisas se convirtió en un pilar central de la estrategia económica del gobierno nacional encabezado por Javier Milei, que apuesta a la desregulación del sector y a la atracción de inversiones privadas como motores de crecimiento.
Desde el Ejecutivo destacan que el superávit energético contribuyó de manera decisiva al resultado positivo de la balanza comercial total del país, en un año marcado por la caída de importaciones y la recomposición de las exportaciones.
El avance de Vaca Muerta también generó un renovado interés de inversores internacionales, con anuncios de nuevas inversiones orientadas a acelerar el desarrollo de áreas productivas y a expandir la capacidad de transporte y exportación.
Analistas del sector señalan que, aun en un escenario de precios internacionales más moderados, la competitividad alcanzada por el shale argentino permite sostener márgenes positivos y proyectar un crecimiento adicional en los próximos años.
En paralelo, la consolidación del superávit energético reduce la vulnerabilidad externa del país, históricamente condicionada por la necesidad de importar combustibles para cubrir picos de demanda.
Las proyecciones oficiales y privadas coinciden en que, con la entrada en operación de nuevas obras de infraestructura y proyectos de exportación, el aporte del sector energético podría ampliarse de manera significativa a partir de 2026.
De esta manera, el desempeño récord de 2025 posiciona a la energía como uno de los ejes estructurales del nuevo esquema económico argentino, con Vaca Muerta como su principal motor y con un impacto directo en la estabilidad macroeconómica del país.