Actualmente, las naftas argentinas contienen un 12% de bioetanol, producido a partir de caña de azúcar y maíz. Ese porcentaje permitió consolidar una industria que creció de manera sostenida desde la sanción de la ley de biocombustibles en 2006, con inversiones permanentes y capacidad instalada que, según el sector, está en condiciones de expandirse.
Feijoo sostuvo que la Argentina cuenta con un potencial significativo para producir combustibles renovables, en función de su perfil agrícola y agroindustrial. En ese marco, destacó que el bioetanol no solo contribuye a sustituir combustibles fósiles importados, sino que también cumple un rol técnico clave en la mejora de la calidad de las naftas.
Uno de los argumentos centrales del sector es el impacto en la balanza comercial energética. Durante 2025, el país importó naftas por más de 600 millones de dólares, una cifra que podría reducirse sustancialmente si se elevara el porcentaje de corte obligatorio con bioetanol.
Según estimaciones del Centro Azucarero Argentino, aumentar el corte del 12% al 15% permitiría ahorrar alrededor de 300 millones de dólares anuales en divisas, al sustituir importaciones por producción local.
Desde el punto de vista técnico, el etanol aporta 125 octanos, lo que permite que las naftas argentinas alcancen los 95 y 97 octanos exigidos por especificación, sin necesidad de recurrir a aditivos importados más costosos y con mayor impacto ambiental.
Feijoo comparó la situación argentina con la de países vecinos. Paraguay utiliza un corte del 25%, mientras que Brasil combina un corte obligatorio del 30% con un parque automotor mayoritariamente adaptado a motores flex, lo que eleva el uso efectivo de etanol a niveles equivalentes al 50% del consumo de naftas.
El dirigente advirtió que el marco normativo vigente se encuentra agotado y que el actual esquema regulatorio limita la posibilidad de nuevas inversiones. En ese sentido, consideró necesario avanzar hacia un modelo más competitivo y con mayor previsibilidad para el sector.
Para la industria, la clave no pasa solo por ampliar el corte, sino también por consolidar un esquema federal que permita integrar a las economías regionales, particularmente en provincias productoras de caña de azúcar y maíz.
En relación con la capacidad de abastecimiento, Feijoo remarcó que la Argentina está en condiciones de cubrir el mercado interno con bioetanol. Actualmente, solo el 3,5% del maíz producido se destina a la elaboración de alcohol, lo que evidencia un amplio margen para agregar valor en origen.
Además, destacó que recientemente se habilitaron los motores flex en el país, un paso relevante para ampliar el consumo de mezclas con mayor contenido de etanol. Sin embargo, sostuvo que el cambio estructural requiere una decisión política que eleve el corte obligatorio.
Para el sector azucarero y maicero, el bioetanol no es solo un insumo energético, sino una herramienta de desarrollo productivo, generación de empleo y sustitución de importaciones. En un contexto de transición energética global, el combustible renovable aparece como una alternativa concreta para diversificar la matriz y reducir la dependencia externa.
Con capacidad instalada disponible y un entramado agroindustrial consolidado, el desafío ahora pasa por actualizar el marco regulatorio y definir una estrategia de largo plazo que permita al bioetanol ocupar un rol más protagónico en la agenda energética nacional.