En los mercados de futuros, los contratos a tres meses llegaron a cotizar hasta US$ 13.387,50 por tonelada en Londres, con subas diarias de hasta 3,1%, consolidando un fuerte repunte que se extendió desde fines de 2025.
El alza responde, en parte, a la expectativa de que la administración de Donald Trump avance con la imposición de aranceles al cobre refinado, lo que provocó un masivo envío de inventarios hacia Estados Unidos y redujo la disponibilidad del metal en otros mercados.
Este movimiento alteró el rol tradicional de los stocks como amortiguador de precios. Analistas del mercado advirtieron que buena parte del cobre disponible quedó concentrado en territorio estadounidense, generando un escenario de potencial escasez en el resto del mundo.
El repunte del cobre se enmarca en un inicio de 2026 muy sólido para los metales básicos. El índice LMEX, que agrupa a los seis principales metales industriales, alcanzó su nivel más alto desde marzo de 2022, cuando el sector había tocado máximos históricos.
Desde finales de noviembre, el cobre acumula una suba superior al 20%, mientras que otros metales como el aluminio, el níquel y el estaño también registraron avances significativos, acompañando el mayor apetito por activos vinculados a la transición energética y la infraestructura.
El contexto financiero global también aportó impulso. El debilitamiento del dólar y el repunte de los mercados bursátiles favorecieron a las materias primas cotizadas en la divisa estadounidense, reforzando la tendencia alcista.
A esto se suman factores estructurales de demanda. El cobre es un insumo clave para sectores de alto crecimiento como las energías renovables, los centros de datos, las redes eléctricas y la electromovilidad, lo que sostiene proyecciones optimistas de consumo a largo plazo.
En el plano de la oferta, el mercado enfrenta restricciones adicionales. Accidentes operativos y demoras en grandes yacimientos limitaron la producción global, mientras que las fundiciones presionan a la baja las tarifas de procesamiento ante la dificultad para conseguir suficiente materia prima.
Las señales de tensión también se reflejan en la estructura de precios. En la Bolsa de Metales de Londres, el cobre spot sostiene una prima frente a los futuros, configurando una situación de backwardation que indica escasez de corto plazo.
En Estados Unidos, los inventarios almacenados en depósitos supervisados por Comex superaron el medio millón de toneladas cortas, tras más de un mes de ingresos netos consecutivos, mientras que las existencias en la London Metal Exchange se redujeron casi a la mitad en el último año.
El trasfondo geopolítico también juega un rol central. La redefinición de alianzas estratégicas y los recientes episodios vinculados a Nicolás Maduro reforzaron la preocupación por la seguridad de las cadenas de suministro de materias primas críticas.
En este escenario, grandes actores financieros como Goldman Sachs mantienen una visión optimista sobre el cobre, al considerar que la expansión de la oferta seguirá siendo limitada y que la demanda no muestra señales de destrucción pese a los precios elevados.
Para la Argentina, el récord del cobre vuelve a poner en foco el potencial del metal como uno de los pilares de la minería del futuro, en un contexto internacional donde la seguridad de abastecimiento y la transición energética revalorizan los recursos estratégicos y abren nuevas oportunidades de inversión.
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