El presidente del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), Ernesto López Anadón, destacó el impacto económico que alcanzó Vaca Muerta y aseguró que su desarrollo representa una diferencia cercana a USD 35.000 millones para Argentina al considerar el superávit energético y las importaciones que serían necesarias sin la formación.
Durante su participación en Ámbito Debate sobre Energía y Minería, López Anadón señaló que la industria atraviesa una etapa caracterizada por un fuerte volumen de inversiones y por la aparición de nuevos proyectos vinculados con la producción y la infraestructura.
“Te sorprende que casi todos los días se presentan proyectos nuevos al RIGI y en algunos casos superan los 3.000 millones de dólares”, afirmó. Entre las iniciativas mencionó perforaciones, ductos, plantas de tratamiento, producción de fertilizantes y proyectos de GNL.
El titular del IAPG sostuvo que la diferencia respecto de otros períodos de expansión petrolera se encuentra en la magnitud de los recursos disponibles actualmente.
“La industria está incorporando nuevos proyectos basados en los recursos de Vaca Muerta”, señaló y recordó que durante la década de 1990 se produjo otro ciclo importante de inversiones en infraestructura energética, aunque con una base de recursos considerablemente menor.
Según explicó, las estimaciones realizadas por un equipo multidisciplinario determinaron que Argentina dispone de alrededor de 258 trillones de pies cúbicos de gas y 30 billones de barriles de petróleo, volúmenes que representarían aproximadamente 100 años de producción.
Para López Anadón, la nueva etapa de Vaca Muerta estará cada vez más vinculada con los mercados internacionales, debido al crecimiento alcanzado por la producción y a las necesidades del mercado interno.
“Estamos llegando a cerca de un millón de barriles por día y el país consume 600.000 aproximadamente. Todo lo que se hace en adelante, tanto en gas como en petróleo, es para exportar”, aseguró.
El ejecutivo indicó además que durante los últimos 20 meses la producción aumentó un 40%, mientras que el crecimiento de las exportaciones estuvo explicado tanto por un mayor volumen comercializado como por mejores precios.
Sin embargo, planteó que el impacto económico de Vaca Muerta no debe medirse únicamente por los dólares provenientes de las exportaciones. También debe considerarse cuánto tendría que destinar Argentina a importar hidrocarburos si la producción no convencional no existiera.
López Anadón explicó que, frente al declino de los yacimientos convencionales, el país podría necesitar importar cerca de 300.000 barriles diarios para cubrir parte de sus necesidades energéticas.
“Este año vamos a tener un saldo a favor de balanza de energía de 10.000 millones de dólares a fin de año. Sin Vaca Muerta, hubiésemos tenido que importar entre 20.000 y 25.000 millones”, sostuvo.
A partir de esos números calculó el impacto integral de la formación neuquina. “La diferencia es de casi 35.000 millones, es un impacto enorme para Argentina”, afirmó.
El presidente del IAPG también destacó el papel que está desempeñando el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en la aceleración de proyectos de infraestructura.
Según consideró, buena parte de las iniciativas actualmente en marcha difícilmente podrían haberse desarrollado con la misma velocidad sin un esquema que facilitara el financiamiento de inversiones de gran escala.
“El aumento que se experimenta en actividad no se hubiera podido financiar con Vaca Muerta solo. Necesitás generar infraestructura y poner la plata hoy”, explicó.
Entre los proyectos que utilizó como ejemplo mencionó las iniciativas de GNL y Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), consideradas fundamentales para ampliar la capacidad de transporte y permitir que el incremento de la producción llegue a los mercados internacionales.
Sin esas inversiones, sostuvo, la producción podría haber continuado creciendo, aunque a un ritmo considerablemente menor debido a las restricciones de infraestructura.
López Anadón planteó finalmente que el desarrollo de energía, minería y agro puede convertirse en uno de los principales pilares para ampliar la generación de divisas y acompañar una transformación de la estructura económica argentina.
En ese escenario, Vaca Muerta aparece cada vez más orientada hacia una nueva etapa: luego de contribuir a sustituir importaciones y recuperar el abastecimiento energético, el crecimiento de la producción y las nuevas obras de infraestructura apuntan a consolidar su perfil exportador y aumentar el ingreso de divisas durante las próximas décadas.
Tu opinión enriquece este artículo: