Lejos de quedar circunscripto al ámbito operativo, el overol comenzó a formar parte habitual de la imagen pública del mandatario, tanto en actos oficiales como en entrevistas, reuniones institucionales y viajes al exterior.
La primera aparición relevante del Presidente con el mameluco se produjo en agosto de 2024, durante una recorrida por Vaca Muerta, en una visita que también marcó su primer contacto personal con la conducción de la petrolera estatal.
Desde entonces, la prenda se repitió con frecuencia y terminó consolidándose como un rasgo distintivo del estilo presidencial, alejándose del protocolo tradicional del traje y la corbata.
El propio Milei explicó en distintas oportunidades que el uso del mameluco responde a razones prácticas, ya que le permite moverse con comodidad durante extensas jornadas de trabajo, incluso dentro de la residencia presidencial.
Con el correr de los meses, esa elección estética despertó curiosidad y adhesión entre seguidores y simpatizantes, que comenzaron a consultar de manera recurrente cómo acceder a la prenda.
Ante esa demanda creciente, YPF decidió avanzar con la comercialización del mameluco, transformando un elemento de trabajo industrial en un producto disponible para el público general.
Los modelos puestos a la venta presentan diferencias respecto de los utilizados en los yacimientos, ya que no cuentan con características ignífugas, una modificación que permitió reducir costos y facilitar su producción.
El precio de venta se ubicó en torno a los 90.000 pesos y, hasta fines de 2025, ya se habían comercializado más de un centenar de unidades, según datos de la propia compañía.
La venta, por el momento, se concentra en un número acotado de estaciones de servicio ubicadas en la Ciudad de Buenos Aires, el área metropolitana y algunas provincias del interior.
Desde la petrolera analizan ampliar los canales de distribución, con la posibilidad de incorporar ventas online y nuevas versiones del producto adaptadas a un público más amplio.
El impacto del mameluco trascendió incluso las fronteras del país, ya que el Presidente lo utilizó en viajes internacionales y en encuentros con figuras de relevancia global, reforzando su carácter simbólico.
De esta manera, una prenda asociada al trabajo petrolero en Vaca Muerta pasó a convertirse en un emblema político y, al mismo tiempo, en un negocio inesperado que combina imagen, identidad y consumo.
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