Las energías renovables crecieron 5,2% interanual y consolidan su rol en la matriz eléctrica

La generación de fuentes limpias sigue ganando peso en el sistema energético argentino, impulsada por el fuerte avance de la solar y la eólica en un contexto de caída de otras fuentes.

El sistema eléctrico argentino continúa mostrando señales claras de transformación estructural, con un crecimiento sostenido de las energías renovables que ya comienzan a consolidarse como un componente relevante dentro del mix energético.

Durante marzo de 2026, la generación renovable registró un incremento interanual del 5,2%, un dato que adquiere mayor peso si se considera que, en paralelo, otras fuentes como la nuclear y la hidráulica evidenciaron caídas significativas.

En ese contexto, las energías limpias no solo ampliaron su participación, sino que también jugaron un rol clave para sostener la oferta total de energía, que creció un 2,7% interanual, según datos relevados por la consultora RICSA.

Este desempeño confirma una tendencia que se viene consolidando en los últimos años: las renovables dejaron de ser un aporte marginal para convertirse en un complemento estructural del sistema, especialmente en escenarios donde otras fuentes reducen su capacidad de generación.

Dentro de este crecimiento, la energía solar se posicionó como la gran protagonista. En marzo, registró un salto interanual del 42%, alcanzando los 542 GWh y consolidándose como la tecnología de mayor expansión dentro del sistema eléctrico.

Actualmente, la generación solar representa el 6% del mix energético, con una capacidad instalada de 2.574 MW, reflejando una aceleración sostenida en la incorporación de nuevos proyectos y mejoras en eficiencia.

Por su parte, la energía eólica también mantuvo una trayectoria ascendente, con un crecimiento del 13,2% interanual y una generación de 1.627 GWh. Con 4.559 MW instalados, aporta cerca del 10% del total, consolidándose como la principal fuente renovable no convencional del país.

En conjunto, la energía solar y eólica ya explican el 16% del mix eléctrico, marcando un punto de inflexión en la matriz energética nacional.

El avance de las renovables se da, además, en un escenario desafiante para el sistema. Durante marzo, la generación nuclear cayó un 35,5% interanual, mientras que la hidráulica retrocedió un 7,9%, evidenciando limitaciones en fuentes tradicionales.

Frente a este panorama, el sistema se sostuvo a partir de una combinación entre el crecimiento de las renovables y el aumento de la generación térmica, que se expandió un 7,2% y continúa funcionando como el principal respaldo operativo.

Esta dinámica deja en evidencia una característica central de la transición energética argentina: si bien las fuentes limpias avanzan, el sistema aún depende de los combustibles fósiles para garantizar estabilidad y cobertura.

En términos de demanda, el consumo eléctrico total alcanzó los 11.936 GWh en marzo, con un crecimiento moderado del 2,4% interanual, lo que indica que la expansión de las renovables se produce en un contexto de demanda relativamente estable.

Esto plantea un desafío estratégico hacia adelante: no solo incrementar la capacidad instalada de energías limpias, sino también mejorar su integración al sistema eléctrico para optimizar su participación sin comprometer la seguridad energética.

El crecimiento de las renovables también tiene implicancias económicas. En un escenario internacional marcado por la volatilidad de los precios de la energía, contar con fuentes locales, limpias y previsibles se convierte en un factor clave para la competitividad.

Además, su expansión contribuye a reducir la dependencia de importaciones energéticas y a mitigar el impacto de variables externas sobre los costos del sistema.

No obstante, el proceso de transformación aún presenta límites. A pesar del avance sostenido de la solar y la eólica, su participación todavía no alcanza para reemplazar el peso de las fuentes tradicionales, especialmente en momentos de alta demanda o baja generación hidráulica.

Los datos de marzo refuerzan una conclusión clara: la transición energética en Argentina está en marcha, pero en una etapa intermedia donde conviven dos modelos, uno emergente basado en renovables y otro aún dominante sustentado en fuentes convencionales.

En ese equilibrio, la evolución de las energías limpias será determinante no solo para la matriz energética, sino también para el desarrollo económico y ambiental del país en los próximos años.

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