Este desempeño tiene a la provincia del Neuquén como protagonista central, consolidándose como motor del desarrollo energético nacional a partir de un modelo que combina inversión, planificación, institucionalidad y previsibilidad para el sector hidrocarburífero.
Durante el último año, el crecimiento de la producción no convencional se apoyó en un conjunto de políticas provinciales que facilitaron el desembarco de capitales, el desarrollo de infraestructura y la consolidación de la licencia social necesaria para sostener un proceso de expansión de largo plazo.
Uno de los pilares del modelo neuquino fue la definición de reglas claras y estables. El gobernador Rolando Figueroa reiteró en distintos foros nacionales e internacionales que la energía constituye una política de Estado en la provincia, lo que permitió ofrecer seguridad jurídica y previsibilidad fiscal a los inversores.
Ese mensaje fue reforzado en escenarios clave como la Offshore Technology Conference de Houston, donde Neuquén presentó a Vaca Muerta como un activo estratégico con condiciones institucionales sólidas para el desarrollo sostenido de proyectos de gran escala.
La provincia mantuvo una política coherente en materia de permisos, concesiones y contratos, sin cambios abruptos en las reglas de juego, lo que resultó determinante para sostener inversiones incluso en un contexto de volatilidad de la política energética a nivel nacional.
En paralelo, el fortalecimiento de la institucionalidad fue otro factor central. El Gobierno neuquino consolidó una autoridad de aplicación con capacidad técnica propia, conocimiento del territorio y continuidad administrativa, lo que permitió una gestión ordenada y eficiente de los recursos hidrocarburíferos.
La planificación técnica permanente, impulsada desde el ministerio de Energía, permitió definir metas claras, evaluar resultados y garantizar una administración responsable del crecimiento productivo, tanto en el segmento convencional como en el no convencional.
Dentro de este esquema, la empresa estatal Gas y Petróleo del Neuquén se consolidó como una herramienta estratégica del Estado para articular capital privado, gestionar áreas productivas y promover proyectos de valor agregado.
GyP participa hoy en asociaciones con operadoras líderes y administra más de un centenar de áreas reservadas para exploración y producción, cumpliendo un rol clave en la transición desde el convencional hacia el desarrollo masivo del shale.
La infraestructura fue otro eje determinante. Neuquén sostuvo una fuerte inversión en rutas, logística, energía y servicios, con el objetivo de reducir costos operativos y mejorar la competitividad de la producción de petróleo y gas, incluyendo obras estratégicas como el bypass de Añelo.
Estas inversiones permitieron acompañar tanto la actividad en áreas maduras como el crecimiento acelerado del no convencional, garantizando condiciones de seguridad y eficiencia para las operaciones en toda la cuenca.
Finalmente, la gestión ambiental responsable completó el esquema. La provincia avanzó en políticas claras de control, monitoreo y participación social, incorporando herramientas para la reducción de emisiones, el monitoreo de metano y el uso responsable del agua.
De esta manera, Neuquén consolidó un modelo energético que combina crecimiento productivo, planificación estatal y sostenibilidad, posicionándose como un actor clave para que la Argentina fortalezca su rol en el mapa petrolero sudamericano y aspire a liderar la región en los próximos años.
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