La transformación de la matriz energética comenzó a ganar terreno dentro del sector agropecuario argentino, con proyectos que buscan reemplazar parcialmente el consumo de combustibles fósiles, reducir costos productivos y aprovechar materias primas para desarrollar nuevos negocios.
Las alternativas incluyen desde paneles solares para sistemas de riego, bombeo y refrigeración hasta el uso de mayores proporciones de biodiésel en maquinaria y el desarrollo de cultivos destinados a producir combustibles sostenibles para la aviación.
Las posibilidades fueron analizadas durante Agro Next 2026, donde representantes del sector privado y funcionarios de Córdoba expusieron experiencias que ya comenzaron a implementarse y evaluaron el potencial de las energías renovables dentro del campo.
Uno de los ejemplos presentados estuvo relacionado con la utilización de energía fotovoltaica para reemplazar parcialmente el gasoil empleado en establecimientos agropecuarios.
Un equipo que actualmente consume alrededor de 8.000 litros de gasoil por año podría sustituir aproximadamente el 65% de ese combustible mediante la instalación de 40 paneles solares, según los cálculos expuestos durante el encuentro.
La inversión necesaria fue estimada en US$ 24.000, mientras que el ahorro bruto podría alcanzar los $10,4 millones anuales. Bajo esas condiciones, el recupero de la inversión se produciría en aproximadamente 3,6 años.
Del biodiésel a la camelina, las alternativas que ganan terreno
Otro de los ejes está puesto en los biocombustibles. Córdoba viene avanzando con su legislación provincial para aumentar la utilización de mezclas renovables por encima de los porcentajes establecidos a nivel nacional.
Actualmente, unos 2.500 vehículos oficiales utilizan mezclas con una mayor participación de combustibles renovables, en una estrategia que busca aprovechar la disponibilidad de biomasa y la producción agroindustrial provincial.
La iniciativa podría extenderse a la maquinaria utilizada por los consorcios camineros, responsables de trabajos de mantenimiento en la red rural. El objetivo es avanzar hacia mezclas que contengan entre un 50% y un 100% de biodiésel.
La medida permitiría sustituir una parte de los aproximadamente 2,5 millones de litros de gasoil consumidos anualmente en esas tareas y, al mismo tiempo, generar una mayor demanda para materias primas y combustibles producidos localmente.
Otra alternativa que comenzó a ganar espacio es la camelina, una oleaginosa de invierno que puede utilizarse como materia prima para la fabricación de combustibles sostenibles de aviación, conocidos internacionalmente como SAF.
Durante 2026 se sembraron unas 65.000 hectáreas de camelina en Argentina, de las cuales alrededor de 22.000 estuvieron ubicadas en Córdoba, mostrando el crecimiento que comienza a registrar este cultivo.
El avance también está acompañado por inversiones industriales. Se informó que fueron destinados más de US$ 20 millones para adaptar instalaciones vinculadas con el procesamiento y aprovechamiento de esta materia prima.
La camelina abre así una posibilidad adicional para el agro, debido a que permite vincular la producción primaria con una industria energética que busca reducir las emisiones generadas por sectores donde la electrificación presenta mayores dificultades, como la aviación.
La incorporación de estas tecnologías muestra que la transición energética dentro del campo no depende de una única solución. Energía solar, biodiésel y nuevos cultivos energéticos aparecen como herramientas complementarias para disminuir la dependencia del gasoil.
El desafío será determinar en qué actividades cada alternativa puede generar mayor valor económico, reducir los costos operativos y permitir que la producción agropecuaria participe de nuevas cadenas industriales vinculadas con las energías renovables.
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