El estudio, titulado “Tierras raras. Un recurso mineral estratégico con gran potencial en América del Sur”, analiza el rol clave de estos 17 elementos químicos indispensables para la transición energética, la electromovilidad y el desarrollo de tecnologías avanzadas, desde turbinas eólicas hasta vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos.
Según el informe, la demanda global de tierras raras creció entre un 6% y un 8% durante 2024, impulsada principalmente por la expansión de las energías renovables y el avance del transporte eléctrico, una tendencia que se profundizará en las próximas décadas.
Las proyecciones de la Agencia Internacional de Energía indican que el consumo de elementos clave como neodimio, praseodimio, disprosio y terbio podría triplicarse o incluso cuadruplicarse hacia 2050, dependiendo del escenario energético global.
En contraste con esta demanda creciente, la oferta se encuentra altamente concentrada. En 2024, la producción mundial de tierras raras alcanzó las 380 kilotoneladas, de las cuales más del 70% provinieron de China, que además domina el eslabón crítico del procesamiento y refinado, un factor central para el control del mercado.
Estados Unidos, Australia y algunos países asiáticos aparecen muy por detrás en términos de producción, mientras que el resto del mundo apenas completa una fracción menor del total, lo que expone la fragilidad de las cadenas de suministro frente a tensiones geopolíticas y restricciones comerciales.
En este escenario, América del Sur surge como una paradoja. La región cuenta con algunas de las reservas más importantes del planeta, pero presenta una producción aún incipiente o directamente inexistente a escala industrial, lo que abre una ventana de oportunidad estratégica.
Brasil encabeza el potencial regional con reservas estimadas en 21.000 kilotoneladas, especialmente en los estados de Bahía y Minas Gerais, donde se identificaron depósitos de alta ley con concentraciones excepcionales y tasas de recuperación metalúrgica que despiertan el interés de inversores internacionales.
Argentina, por su parte, posee alrededor de 190.000 toneladas identificadas y un potencial estimado de hasta 3,3 millones de toneladas, distribuidas en provincias como San Luis, Río Negro y Salta, en un contexto donde el marco legal comienza a resultar más atractivo para inversiones de largo plazo.
Desde KPMG subrayan que la transición energética global ha reconfigurado las prioridades de los países y de las industrias tecnológicas, otorgando a los minerales críticos un protagonismo sin precedentes y posicionando a la región como un posible factor de equilibrio frente a la concentración productiva actual.
El informe también advierte sobre la llamada “paradoja ambiental” de las tierras raras, ya que los minerales que permiten reducir emisiones y reemplazar combustibles fósiles requieren procesos de extracción y refinado con costos ambientales y económicos significativos.
En ese sentido, el desafío para países como Argentina será equilibrar los beneficios económicos, industriales y geopolíticos con políticas adecuadas de sustentabilidad, gestión ambiental y protección de las comunidades locales involucradas.
El estudio identifica cuatro ejes clave para aprovechar esta oportunidad: desarrollar capacidades locales de procesamiento, impulsar el reciclaje de componentes electrónicos, fortalecer la infraestructura y la gobernanza, e incorporar el análisis de riesgos geopolíticos y climáticos en la planificación minera.
La principal conclusión del informe es que América del Sur enfrenta una oportunidad histórica que trasciende la mera extracción de minerales y abre la posibilidad de integrarse de manera estratégica en cadenas de valor globales de alto contenido tecnológico.
Si la región logra avanzar hacia la industrialización del proceso, desde la separación de los minerales hasta la fabricación de componentes avanzados, podría capturar un valor económico e industrial sin precedentes y redefinir su rol en el tablero energético global.
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