De acuerdo con el último informe sectorial, las renovables representaron el 40% de la demanda eléctrica nacional durante 2025, consolidando un salto relevante respecto de años anteriores, cuando la generación limpia apenas alcanzaba cifras de un solo dígito. Este crecimiento se apoyó principalmente en la energía hidráulica, seguida por la eólica y la solar fotovoltaica, que vienen ganando terreno en distintas regiones del país.
Según el relevamiento difundido para el Día Internacional de la Energía Limpia, la potencia total instalada en Argentina alcanza los 43.930 MW, de los cuales 17.076 MW corresponden a fuentes renovables. En ese total, la hidráulica representa el 22%, la eólica el 10%, la solar el 5% y la biomasa y biogás alrededor del 1%, cifras que reflejan una matriz en transformación progresiva.
El crecimiento interanual también muestra dinamismo en segmentos específicos: la generación solar aumentó 24,1%, la biomasa 78,1% y la eólica registró una suba general del 5,5% dentro del conjunto de energías limpias. Este desempeño contribuye a reducir la dependencia de generación térmica basada en combustibles fósiles y mejora el balance comercial al disminuir la necesidad de importaciones de combustibles líquidos.
No obstante, el desafío central ya no es únicamente incorporar nueva potencia, sino sostener el ritmo de crecimiento con inversiones y previsibilidad regulatoria. La infraestructura de transporte eléctrico aparece como uno de los principales cuellos de botella: muchos parques eólicos y solares se ubican en regiones alejadas de los grandes centros de consumo, lo que exige ampliar y fortalecer la red de alta tensión para integrar mayor generación limpia.
Otro aspecto crítico es el financiamiento de largo plazo. Si bien el marco legal promueve la incorporación de renovables, el sector requiere mecanismos financieros más estables y herramientas que reduzcan el riesgo para inversores privados. La articulación entre Nación, provincias y empresas aparece como condición necesaria para consolidar una expansión sostenida.
En paralelo, la integración de sistemas de almacenamiento y respaldo térmico continúa siendo clave para garantizar seguridad y estabilidad en el suministro frente a la variabilidad de fuentes como la eólica y la solar. La combinación entre energía firme y generación renovable flexible será determinante en la próxima etapa de la transición energética argentina.
En este contexto, los parques solares sustentables se posicionan como una alternativa concreta para empresas y grandes consumidores que buscan reducir su huella de carbono y mejorar su eficiencia energética. Estas instalaciones fotovoltaicas permiten generar electricidad limpia directamente en plantas industriales o complejos logísticos, disminuyendo la dependencia del suministro convencional y fortaleciendo la resiliencia operativa.
Un caso emblemático es el de la firma bonaerense Miron, que transformó su planta en la primera fábrica de transformadores autosustentable del país mediante la instalación de un parque solar propio. El proyecto incorporó 297 módulos fotovoltaicos de 580 W, con una potencia instalada de 172,26 kWp, lo que le permite cubrir su consumo diario con energía solar.
El impacto ambiental y económico del proyecto resulta significativo: evita la emisión de 67,89 toneladas de CO₂ al año y presenta un retorno de inversión estimado en aproximadamente cuatro años. Además, la empresa ya replicó soluciones similares en industrias como Danone, Maxiconsumo y AOTA, ampliando el alcance del modelo en el sector productivo.
La transición energética global avanza con rapidez y redefine la forma en que los países producen, invierten y compiten. En este escenario, Argentina cuenta con recursos naturales de clase mundial y una oportunidad estratégica para articular su energía convencional con el crecimiento de las renovables, bajo un esquema que promueva inversión, infraestructura y desarrollo.
El desafío de los próximos años será sostener la expansión, fortalecer la red eléctrica y consolidar un marco regulatorio competitivo que permita canalizar capital hacia nuevos proyectos. Con avances técnicos, iniciativas privadas y una matriz en transformación, la energía renovable comienza a ocupar un lugar central en la agenda económica y productiva del país.
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