Argentina lidera una oportunidad única en América Latina y el Caribe (y establece el camino para la transición hacia un futuro más sostenible)

En el último año, América Latina y el Caribe han alcanzado un hito significativo en el ámbito energético al lograr que el 64% de la electricidad provenga de fuentes renovables. Este logro no solo coloca a la región a la vanguardia mundial en términos de energía limpia, sino que también refleja un crecimiento impresionante, con un aumento del 51% en capacidad renovable entre 2015 y 2022.

Gran parte de este éxito se atribuye al progreso en el desarrollo de energías renovables en países clave como Argentina, Brasil, México y Chile. Sin embargo, a pesar de este avance, expertos advierten que es necesario acelerar el ritmo de crecimiento para alcanzar las metas de cero emisiones para 2050, una promesa que no solo beneficiaría al medio ambiente sino que también podría generar mayores ingresos en divisas.

El informe de Perspectivas Energéticas de América Latina, presentado durante la Reunión Anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), resalta la importancia de este desafío. Alejandra Bernal Guzmán, oficial de Programas de América Latina del IEA, señaló que el continente podría no cumplir con el objetivo de cero emisiones netas para 2050 si no se toman medidas urgentes.

A pesar del liderazgo regional en la generación de energía eléctrica limpia, persiste un desafío significativo en la dependencia de combustibles fósiles. En América Latina, esta dependencia alcanza casi el 70%, comparado con el 80% a nivel mundial. Esta situación plantea la necesidad de una transición hacia fuentes más sostenibles.

La Argentina se destaca como un actor clave en esta transición energética. Con vastos recursos naturales, el país posee un enorme potencial en la producción de minerales esenciales para tecnologías de energía limpia, como el litio, el cobre y la plata. Además, cuenta con una diversidad de fuentes energéticas, desde hidroeléctrica hasta solar y eólica.

Aunque actualmente el gas natural es el principal contribuyente a la matriz energética argentina, se espera que la energía eólica y solar desempeñen un papel crucial en el futuro, especialmente con el potencial eólico de la Patagonia. Sin embargo, el país enfrenta desafíos en la implementación de políticas energéticas coherentes y la atracción de inversiones necesarias para impulsar esta transición.

A nivel regional, se proyecta que América Latina y el Caribe seguirán dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles para satisfacer sus necesidades energéticas, a pesar del compromiso de algunos países de alcanzar emisiones netas cero para mediados de siglo. Esta situación subraya la importancia de una mayor inversión en energías limpias, con estimaciones que sugieren que la financiación de proyectos debería duplicarse para 2030 y quintuplicarse para 2050.

No obstante, si se cumplen las metas de cero emisiones, la región podría ver un cambio significativo en su panorama energético. Las exportaciones de petróleo podrían aumentar, mientras que la producción de hidrógeno de bajo costo y la generación de biocombustibles podrían contribuir a la descarbonización de la industria y el transporte.

Argentina y América Latina se encuentran en una posición privilegiada para liderar la transición hacia un futuro energético más sostenible. Sin embargo, se necesitan acciones concretas y una mayor colaboración tanto a nivel nacional como regional para aprovechar plenamente este potencial y cumplir con los compromisos climáticos globales.

La brecha entre los compromisos de reducción de emisiones y las políticas energéticas actuales es una preocupación clave. Aunque un número significativo de países en la región se han comprometido a alcanzar emisiones netas cero para mediados de siglo, la implementación de medidas concretas sigue siendo insuficiente. Esta discrepancia resalta la necesidad de una mayor coherencia entre las metas climáticas y las políticas energéticas, así como una mayor colaboración entre los gobiernos, la industria y la sociedad civil para impulsar la transición hacia un modelo energético más sostenible.

Además, el desafío de la falta de inversión en energías limpias plantea obstáculos adicionales. Duplicar la financiación de proyectos para 2030 y quintuplicarla para 2050 requerirá un compromiso significativo por parte de los sectores público y privado. Sin embargo, el potencial de beneficios económicos y ambientales a largo plazo, incluida la diversificación de la oferta energética y el impulso a sectores como el hidrógeno de bajo costo y los biocombustibles, subraya la importancia de superar estos desafíos y aprovechar plenamente la oportunidad única que representa el liderazgo regional en energías renovables.

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